jueves, 2 de mayo de 2013

Y de repente... (fragmento de un dîa feriado)



Y al mirar al frente pasaban aquellas dos mujeres tan rubias, tan diferentes, muestra inequívoca que yo estaba en un país extraño. Al voltear, encontré a aquel hombre de nariz espigada, de cabellos castaño y barba descuidada que se ha dejado crecer solo porque a mí me gusta. Con ese short gracioso, típico de turista en cualquier país de Latinoamérica, pero que a él le encanta para los climas de calor, y esa manía hermosa de estar sin camisa o como en esta ocasión, con la camisa totalmente desabotonada.
Esa camisa, solo puede ser regalo de una madre, le pregunté y el me lo confirma, pienso dentro de mí que solo ellas se detienen en la calidad del textil más que en la simple estética. Un estampado fino, minúsculo y adecuado, de un algodón  delicado; medianamente en la libertad que le habían dado, la camisa se distiende al dejarse llevar por esa brisa de mar que acompañaba a la tarde. Esa que empezaba a hacerse gris, frente al mar; justo cuando yo me deleitaba mirando al hombre por el cual estoy aquí.

lunes, 22 de abril de 2013

Lo que se piensa y lo que es. Parte I.


 Al final hubo retraso y salí de Venezuela a las 11. Llegué a Curaçao y de allí tres horas mas a Paramaribo.
Fue muy loco verlo, el aeropuerto estaba solo, era la única persona que quedaba esperando.
 En todas las veces que imaginé ese momento, y yo siempre corría a abrazarlo; en la realidad no fue así. Caminé lento, calmada, mas bien ensimismada. El me abrazó, me cargó, me besó mucho, mucho. Yo en shock continuo y totalmente perceptible todo el viaje, desde el aeropuerto hasta Paramaribo, aproximadamente hora y media de ver a ese hombre que por tanto tiempo había estado presente solo en lo abstracto y digital. Así se veía sin la interferencia del skype, así se sentían sus manos, realmente sentía y al mismo tiempo no, pues aunque estaba presente, una parte de mi aún no había llegado.

miércoles, 30 de enero de 2013

La última milonga

Desde hace meses tenía el boleto de regreso y desde que lo compré tuve la necesidad desesperada de disfrutar un poco mas de esta ciudad que profesaba a toda hora un rincón del cual sin esperarlo enamorarse. Casi todas las noches, al salir del trabajo venía a casa, comía algo y compartía un fernet, una cerveza o un vino con mis compañeras de la casa Mármol. Otra veces, muchísimas en realidad, me animaba a ir sola a la milonga. Mi mejor amiga siempre me decía años atrás que la acompañara a la milonga del club Uruguayo de Caracas, pero si no sabes bailar tango no entiendes lo que significa. Por eso cuando tuve la oportunidad empecé a aprender,  la primera clase me atrapó, desde entonces cada noche que tenía unas horas libres me escapaba a ese ambiente singular, con un código el cual aprender para la vida, aprender a dejarse llevar.

Laura, fue una de mis compañeras de esa casa llenas de niña del mundo que quedaba en Almagro, oriunda de tierras cariocas, había sido encantada por la ciudad desde el primer momento, a diferencia de las otras chicas que teníamos una relación agridulce con Buenos Aires. Ella había caído a sus encantos desde que aterrizó su avión proveniente de Sao Paulo y cuando empecé a averiguar dónde recibir clases de tango, también empezó a ir.

Cuando coincidíamos en el living de la casa, nos contábamos anécdotas de las clases, hablábamos sobre lo difícil que resultaba el simplemente sentir y permitir que un otro te lleve, y compartíamos los consejos que nos daba el Sr, Pedro, un adorable señor entre 70 y 80 años, ambas habíamos bailado con el en alguna ocasión.

Él no tomaba clases, simplemente esperaba a que hubiese alguna chica nueva esperando ansiosa a que la sacaran a bailar para enseñarle realmente qué era el tango, coincidimos que en sus manos nos sentíamos como unas agraciadas bailarinas. Sabía dirigir a la mujer. Mas de una vez sus consejos no sólo parecían de baile, sino de vida: " Tenés que esperar, el tango es como el amor, vos no besas a cualquiera, vos besas al que te gusta, y tenés que ser paciente para saber cuando es el momento de rechazarlo o entregarte a sus brazos". 

Conocer la milonga, el tango, el rol paciente de la mujer, la atención profunda a lo que se siente, al mismo tiempos permitir el rol activo, dominante y seductor del hombre, conocer estos códigos y al señor Pedro nos ayudó a entender mucho mas a la ciudad, a su gente y a la pasión tanguera y medio histérica que todo argentino, baile o no, inconscientemente profesa.

La última semana estuvo abarrotada de cosas por hacer, quedaba pendiente el tango, y aunque creía que ya ese lunes no podría ir, al llegar a casa encontré a Laura, le pregunté si iba a clases, me dijo que no, que iba a otra milonga a la cual la había invitado Daniel, el pianista de orquesta de tango que como pasa en Buenos Aires, había conocido de repente y había causado en Laurita una pérdida de control racional que tenía sobre las relaciones, no estaban simplemente saliendo, era mucho mas intenso. Daniel tenía entradas de cortesía, podía ir con ella sin ningún problema así que me apresuré en cambiarme, tomé mis zapatos de taco y salimos a tomar el colectivo que nos acercaría al otro extremo de la ciudad.

Llegamos un poco tarde a una casa antigua en la calle Gorriti, al pasar el recibidor y apartar la cortina esperaba una sorpresa, un lugar íntimo en forma de cúpula, con algunas pocas mesas y a la luz de las velas.  El calor absurdo de una noche primaveral, quedó opacado con el sonido de la orquesta, LA ORQUESTA,  era magnífico sin contar la estampa de tantos músicos que parecían en trance sobre el escenario, entre los dos cantantes un  bandoneonista cautivó mi mirada. Estaba vestido con jean y remera azul celeste, que combinaba de manera perfecta con sus ojos azules que abrían y cerraban frenéticamente al ritmo de los tiempos, para mi era imposible no sentir agrado al ver su disfrute total con cada tema, no sólo lo interpretaba, lo estaba viviendo en su expresión , en sus ojos, en todo el.

Terminó la Orquesta, fuimos por unos fernets, volvimos a la mesa, Laura y yo bailamos con Daniel, yo estaba feliz, sentía que esta podía ser mi última milonga, mi último tango en Buenos Aires, y si había sido en ese lugar tan particular, no podía pedir mas, era perfecto.

Laura se iba con Daniel, yo iba a tomar el colectivo, en la puerta detienen a Daniel, era el bandoneonista que lo saludaba, le preguntaba cómo le había parecido el espectáculo y se nos presentó, después del típico de dónde sos, siguió un: bailás? yo le dije que ya me iba, me dijo: "Bailamos un tango y te dejo ir", cómo decir que no, si lo hacía era ir en contra de lo que realmente quería, un último tango en Buenos Aires con un músico (no porteño) de expresivos y grandes ojos azules, si me negaba, hubiese sido una auténtica boluda.

Primera percepción, este hombre baila el tango como lo toca,  me llevaba sin ninguna contrariedad, era fluido como me sentía con pocos, yo era el bandoneón y el estaba haciendo conmigo lo que quería, yo permitía que lo hiciera. Después de la primera vuelta a la pista me estaba haciendo dar pasos que no conocía, a pesar de eso me sentía con gracia, me sentía encantada, ahora entendía lo que puede hacer un hombre seductor que domine el tango, un auténtico argentino.

Terminó, le di las gracias, el me dijo que bailaba muy bien, que si podíamos bailar una pieza mas, siendo totalmente antagónica con lo que quería, le expliqué que me iba con ellos, pues no sabía como regresar a casa (era cierto, siempre me perdía en la con razón llamada ciudad de las furias) me preguntó que dónde vivía, le dije que en Almagro, el me comentó que vivía cerca que si quería lo podía esperar y me llevaba en carro, al voltear Laura se había ido. Evidentemente le dije que si, lo esperaría.

Me senté en una mesa, ya se había ido la mayoría del público, sólo quedaban algunos músicos que se tomaban algo en la barra. Lo veía ir de un lado a otro, cerraba la cocina y recogía los cables mientras una chica evidentemente bailarina de tango retozaba con uno de los cantantes, mientras sonaba un tango electrónico y ellos bailaban insinuantes, o mas que eso, en el centro de la pista bajo la luz del seguidor, parecía casi una escena de flashdance. 

El ya no estaba al alcance de mi vista, yo estaba perdida tratando de fotografiar mentalmente lo particular y especial de ese lugar. De la nada,  una palma de mano en frente hace caducar a  la invitación vebal, con ese código que  lo dice todo, me invita a bailar nuevamente, yo no dije nada, simplemente tomé su mano.

Después de dos tangos ya no había ningún rastro de vergüenza los dos queríamos dejarnos llevar por la música y su letra, los pasos se hicieron mas cercanos, las respiraciones mas acompasadas, las torsiones que hacían que yo tuviera que estar en un contacto mas cercano para no caer fluían sin necesidad de abrir los ojos, y aunque la música cambió a una especie de tango electrónico pero con las letras de bebe (cantante española) no nos separábamos entre final e inicio de tema, simplemente hacíamos una pausa mantenida en la misma posición con la cual habíamos finalizado el tema anterior y después de una respiración, al escuchar las primeras notas de la próxima canción,seguíamos bailando.

No quedaba nadie en el lugar, yo como de costumbre no sabía que hora era, y cuando el playlist nos arrojó un tema demasiado latino para bailar por tango nos separamos, el me miró desde aquel otro piso que representa el medio metro que me llevaba de estatura, y abriendo mucho los ojos, dice "WOW, qué bueno bailamos" yo le dije que así era, EVIDENTEMENTE se me coló una sonrisa menos tímida de lo que hubiese querido. Con los ojos chispeantes y una sonrisa de muerte, me lanza, "tenemos que volverlo a hacer" yo le respondo, ahora si,  un tímido puede ser, acompañado por las mejillas que sentía totalmente coloradas.

Lo ayudo a guardar su bandoneón y vamos al carro, al montarnos me pregunta, "En Venezuela bailan tango?" yo le digo que si, pero que yo había aprendido en la ciudad, sin rastro de chamuyo por venir me preguntó qué hacía yo, en mi vida? le digo que es un cuento largo, el me dice que le gusta esa respuesta pues el también tenía que hablar mucho para explicar lo que hace, abogado de profesión, músico de vocación, al final, esto no era tan raro en Buenos Aires, lo cual me encantaba, la gente no era sólo su profesión, sino que en los caminos había encontrado muchas otras cosas, no se dejaban definir por una sola. 

En el carro conversamos sobre la vida, y lo que pensábamos de algunas cosas, nos  sorprendimos muchas veces terminando la frase del otro y riendo luego, era muy poco convencional lo que pensábamos de muchas cosas,  y mas raro que ambos pensáramos igual de extraño. Llegamos a casa, le agradecí por la noche y por haberme acercado a casa, me dió las gracias por el tango, y la conversación, suspiró, silencio, me despedí, y salí del carro, nerviosa buscaba las llaves en el hoyo negro que siempre han sido mis carteras, y en eso dice: qué linda que es tu casa, yo le digo que si, lo es, y después de un segundo de silencio los dos íbamos a decir algo en el mismo instante, yo callo, el dice que le agregue al fb, que le gustaría volverme a ver, yo le dije: lo haré. 

Esa misma noche lo hice, el me aceptó, al día siguiente me mandó la invitación de otra noche la cual estaría su orquesta en esa misma milonga, pero era para el lunes siguiente de mi partida, realmente a pesar de lo especial por decir lo menos de todo el encuentro no le hablé mas por fb, el tampoco a mi, fue el final ideal de mi temporada tanguera, la última milonga no necesitó nada mas, lo que fue, perfecto es.



lunes, 26 de noviembre de 2012

No mas delivery.

Una noche, mientras caminaba hacia a mi casa de José Marmol, lo conocí, era el repartidor de pizzas de la cuadra, nos habíamos visto una que otra vez en la pizzería de la esquina. Ese día él se detuvo, y me preguntó  si quería un pedazo de pizza, lo dije que no, que estaba bien. Insistió para que la aceptara, me contó que quería ser pizzero, y que esta la había preparado él. "Pruébala y dime qué tal" dijo, yo la probé, y me gustó.

Todos los días, más o menos a la misma hora pasaba por casa y me traía un pedazo de pizza con otras combinaciones, nos quedábamos un rato hablando sobre las pizzas, sobre la cocina, le decía que me diera recetas, el me comentaba algunos trucos de la preparación. Y así pasaron unos días.

De repente no volvió más, el primer día casi ni cuenta me di, pero después del segundo, empecé a extrañarlo. Creo que se aburrió de sólo hablar de comida, además, yo estaba engordando.

#GorditaMental

lunes, 27 de junio de 2011

De nuevo

Escribí hace mucho tiempo, pensando que sería menor el tiempo entre cada post, pero no, @aleotroale no pudo acompañarme en este camino, la idea de escribir juntos nos fascinó, pero nuestros tiempos nos hicieron olvidar el blog. Yo no me he olvidado este espacio,lo quería hacer para escribir lo que se me pasara por la mente, llenarlo de cuentos, siempre cuentos, los que escucho, los que veo, los que vivo o acompaño a vivir... mi problema es que siempre tengo mil historias y cuentos chistosos o tristes que se me ocurren, con ellas imagino desde cómo serían plasmadas en un SITCOM o en un corto, en un programa de radio o en una publicidad pero a la hora de escribirlo aqui, BLOQUEO... dicen que la última va a la tercera,por eso trataré de encarar  este difícil reto de una nueva manera, voy a escribir tal cual es mi proceso, en espiral y para que eso suceda lo único hay que hacer, es dejar que fluya.

La primera nota.
Buscando referencias en un blog español encontré una lista de cosas que hacer antes de morir,la idea me parece por un lado nostálgico, eso de colocar una lista de "asuntos pendientes" para hacer antes de morir tiene  algo macabro. Al final me sinceré y personalmente me parece emocionante, me entretiene la idea de hacer mi propia lista, y aquí la dejo, a ver si en el FUTURO me encuentro que las tachadas son más que las que quedan sin tachar.

Cosas que hacer antes de morir

#1 Viajar a otro continente
#2 Hacer el amor bajo la lluvia
#3 Ir al aeropuerto y coger el primer avión con destino extranjero improvisadamente
#4 Comprarme un carro
#5 Tener un carro descapotable
#6 Viajar a Nueva York
#7 Leer un libro en una sola noche
#8 Salir en un reality show
#9 Tener una polaroid
#10 Tener una coleccion de más de 100 cosas de algo
#11 Escribir un libro
#12 Enviar un mensaje en una botella
#13 Que me respondan ese mensaje con una carta
#14 Ir en crucero por el Mediterráneo
#15 Bucear
#16 Independizarme
#17 Tomar un baño a la luz de las velas con alguien especial
#18 Apostar en las vegas el sueldo de todo un mes
#19 Que me asciendan en un empleo a un rango superior
#20 Aceptarme tal cual soy
#21 Comprarme algo que en realidad no necesito
#22 Dejar mi trabajo/estudios para alcanzar un sueño que nadie conoce (PRONTO)
#23 Ser universitaria y acabar la carrera
#24 Emborracharme y no recordar nada al día siguiente}
#25 Participar activamente en alguna protesta.
#26 Hablar Francés.
#27 Aprender a tocar saxofón.
#28 tener un programa de radio (QUE NO SEA ON LINE) o serie de tv.
#29 Ir al carnaval de Brasil.

#30 Tener un vestier
#31 Aprender a hablar inglés perfectamente
#32Dirigir mi propia empresa
# 33 Aprender a surfear.
#34 Ser buena en algún deporte
# 35 Ir a la india
# 36 Tener un hijo
# 37 Ir un verano a un destino de fiesta en Europa con Alejandro y Katherine
#38 Tener una mascota
# 39 Tomar un fin de semana, apagar los teléfonos, no entrar en internet, tener pizzas, frescolita,gomitas, señoritas y quesos de cabra, ver películas arropada en una cama con un amor. (Al estar en Buenos Aires, cambiaron un poco los acompañantes,  la internet fue el medio para ver la peli, la pizza de San Telmo estuvo presente, el queso de cabra, las señoritas y las gonitas fueron desplazadas por alfajores, dulce de leche y bananas, y el amor estuvo presente y perfecto, arropados aún más, gracias al cómplice: el invierno porteño.
# 40 Ser constante escribiendo un blog.
# 41 Tener una banda favorita

y aqui está esa banda y la canción que escuchaba mientras escribía este post.
(Escrito en el 2011, la edición del punto 22 y 39 fueron del 2012, vamos a ver si me alcanzan los años para tacharlos todos, espero)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Ponyo...

Vivo con un amigo cinéfilo que siempre me acerca a historias diferentes y hoy vimos Ponyo, él me decía ayer que la tenía que ver, primero porque está inspirada en la historia real de la sirenita, cuento que marcó mi infancia y película que hizo que siempre tuviera un interés particular en el cabello rojizo, además de lo tierna que es esta versión, con esos muñequitos de acuarela y ojos grandes típicos de las ilustraciones japonesas y personajes que sí parecen de verdad con sus rabias, peleas, lealtades y amores, no la típica escisión de los malos sin pizca de bondad y los buenos idiotas.

Antes de empezar la película él me comentaba que ese director Hayao Miyazaki, tenía películas con ilustraciones hermosas y quizá por provenir de otra cultura no estaban teñidas de la escisión antes comentada, yo le decía que en una obra de teatro que vi del grupo "El Chichón" de la UCV, cuando era niña plasmaba justamente eso, la rigidez de Disney (en ese momento emperador de las películas animadas) de colocar siempre una bruja, malísima, envidiosa, al que todo el mundo odiaría y que siempre terminaría mal, la chica buena, dulce, amable, siempre perfecta, sin subir el tono, ni hablar demasiado, sin la necesidad de expresar un sentimiento hostil (eso era cosa de la bruja) y siempre pasiva esperando que algún príncipe valiente, caballeroso, listo para enfrentar aventuras y saltar, brincar, luchar contra inmensos dragones llegara.

Ahorita yo sé que el mundo no es así, pero tantas películas, cuentos, historias en que se muestra esa triada hacen pensar alguna vez (o muchas) que si se es capaz de demostrar algún sentimiento hostil, se está acercardo al polo de la absoluta, maldad en cambio comportarse pasivo sumiso y medio tonto se es la manera de obtener el preciado honor del amor incondicional, cosa que más allá de tus padres es bien utópico esperar.

Después de ver la película me quedé con un sabor dulce y de reconciliación con los cuentos y hasta con Disney pues produjo la película, ya que con todo lo fantasioso que podía ser la historia de un pez que se convierte en humana, tener una madre que conduce horrible (valga el estereotipo) con un ataque de ira cuando sabe que el esposo llegará tarde por el trabajo, pero que le cree a su hijo y apoya toda la aventura que el niño desea emprender, pareciera un afán de representar al fin de forma realista personajes con los cuales identificarnos que realmente se comporten como humanos, con las cosas buenas y malas que todos poseemos.


Pd: no puedo cerrar la entrada sin pedirles que comenten y para los que vieron la película, díganme que los besitos de las hermanitas de Ponyo no es uno de los sonidos más tiernos del mundo.

http://disneydvd.disney.go.com/ponyo.html

Érase una vez

Le colocamos stop al DVD porque unos amigos querían verla también, estábamos viendo "Ponyo" una película de un director japonés Hayao Miyazaki basada en la sirenita (mi película infantil favorita), y en esa pausa recordé lo mucho que me gustan las películas y cuentos infantiles, la herencia más grande que me pudo dejar mi mamá, esos miles de cuentos que de bebé me leía y que aún los tengo en la biblioteca. Ahora de "adulta" releerlos y verlos en películas me hacen sentir y pensar cosas diferentes que trataré de expresar aquí, para mi y para el que quiera acompañarme, igual que un cuento antes de dormir.