jueves, 2 de mayo de 2013

Y de repente... (fragmento de un dîa feriado)



Y al mirar al frente pasaban aquellas dos mujeres tan rubias, tan diferentes, muestra inequívoca que yo estaba en un país extraño. Al voltear, encontré a aquel hombre de nariz espigada, de cabellos castaño y barba descuidada que se ha dejado crecer solo porque a mí me gusta. Con ese short gracioso, típico de turista en cualquier país de Latinoamérica, pero que a él le encanta para los climas de calor, y esa manía hermosa de estar sin camisa o como en esta ocasión, con la camisa totalmente desabotonada.
Esa camisa, solo puede ser regalo de una madre, le pregunté y el me lo confirma, pienso dentro de mí que solo ellas se detienen en la calidad del textil más que en la simple estética. Un estampado fino, minúsculo y adecuado, de un algodón  delicado; medianamente en la libertad que le habían dado, la camisa se distiende al dejarse llevar por esa brisa de mar que acompañaba a la tarde. Esa que empezaba a hacerse gris, frente al mar; justo cuando yo me deleitaba mirando al hombre por el cual estoy aquí.

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